lunes, 9 de febrero de 2015

A Inesita no le gusta el pescado

"Inesita era una niña a la que no le gustaba el pescado, era la peor comida que le podían poner. Sus padres, que eran médicos, le contaban todas las cosas buenas que tenía el pescado, que tiene muchos minerales, que le dan mucha fuerza y que tenía fósforo que era muy bueno para la memoria. Pero a Inés no le convencían esas razones, así que seguía con su total decisión de no tomar pescado.

Pasaron los días y ella seguía sin tomar ni una pinchada de pescado. Un día a las cinco y cuarto, todos los niños salieron del cole para encontrarse con sus padres. Inesita, salió con sus amigas que pronto se encontraron a sus papis y ella se quedó un poco extrañada, algo no iba bien... La puerta del cole se iba quedando vacía e Inés no veía a nadie conocido...
Cuando ya no quedaba más que Inés, una madre se acercó a ella y le preguntó qué la pasaba e Inés le contestó: "No encuentro a mi mamá, no sé dónde está" y la madre le respondió: " bueno tranquila, no pasa nada, ¿ Cómo te llamas?"- "No lo sé." contestó Inés.

La mamá invitó a Inés a ir a su casa para que estuviera bien, ya que estaba atardeciendo. Cuando llegaron a su casa, la mamá le estuvo preguntando cómo se llamaban sus padres, dónde vivía o si se sabía el teléfono de su casa, etc., pero nada, Inesita no se acordaba de nada. Así que Inés se quedó con la mamá y su hija esa noche allí.
Inesita estuvo jugando con la hija hasta que la madre las llamó para cenar. Esa noche había para cenar, pescado con patatas. Inés, sin pensarlo ni un segundo se llevó una pinchada de el lenguado a la boca y al poco rato el plato estaba vacío. Inesita no se acordaba de cuál era su nombre sino que tampoco se acordaba que no lo gustaba el pescado e incluso llegó a decir a la madre que le gustó.
Así que pasaron los días y la madre le ponía pescado para  comer y cenar, y uno de esos días, cenando merluza dijo en voz alta: "Ya me acuerdo, me llamo Inés" Y poco a poco se fue acordando de todas las cosas y así pudo llamar a sus padres y poder volver a casa.

A partir de ese momento Inés comió todo lo que le ponían sus padres en el plato y lo que más le entusiasmaba era cuando le ponían pescado."

Debemos potenciar este recurso  tan poderosamente fantástico porque los cuentos tienen la fuerza y la capacidad de mejorar las conductas y hábitos de los pequeños, por no hablar de los valores sentimentales que se pueden creer.

Y es que hoy, a  Inesita, sí le gusta el pescado.

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